21 ene. 2013

Mamá yo... soy rolero.


Lo siento, fue inevitable. Todo empezó un día, mientras navegaba por internet, en el que sin querer leí el término “juego de rol”. Traté de evitarlo, juro que traté de ignorar ese nombre tan deslumbrante, pero no pude. Entré, me informé y me gustó. Después, confieso, mamá, que fui a comprarme unos dados y un manual en secreto, espero que sepas perdonarme. Leí el manual. Me encerraba en el baño para que pensaras que hacía cosas más normales para chicos de mi edad, como leer revistas guarras mientras me tocaba. Una vez lo hube leído reuní a unos cuantos amigos y bueno, mamá, empezamos a jugar.
La sensación de culpabilidad inicial comenzó siendo mitigada por el placer de la diversión. Desde entonces soy rolero habitual y creo que ya no puedo escapar de esta adicción.

Buenos días a todos, roleros. Hoy vengo a hablar de los juegos de rol y la sociedad. Ya se trató un poco en mi entrada “Los juegos de rol para la educación”, pero hoy quiero analizar esto de una forma más profunda.
Estoy casi segura de que mucha gente os ha mirado raro cuando le habéis dicho que jugáis al rol. 

Grupo jugando al rol.
Primeramente por los estereotipos y las ideas equivocadas que se tienen respecto a éste; los ya famosos aquelarres que organizamos, que nos vamos a volver locos y a matar a toda nuestra familia con una katana… ya sabéis. Y, por otro lado, también está la gente que no entiende que a tu edad te diviertas en una mesa con fichas, dados y un manual. Y esto es tristemente así: la gente piensa que somos personas asociales porque no salimos “al botellón y esos sitios a los que sale la gente joven” y dentro de esa gente se encuentran nuestros padres.

He vivido casos reales, el último fue cuando uno de nuestros másters estuvo informándonos del reglamento de Fábulas en un bar, una conocida suya se acercó para decirle que dejara los libros, que estaba pasándoselo bien y que nos hiciera más caso a las chicas. Seguro que a vosotros os han pasado muchas veces cosas similares.
Ante estos casos yo siempre pienso en la osadía de la ignorancia. En general, la gente siempre rechaza lo que no es común y lo trata de algo “no sano” o “no bueno” sin parase a informarse de las cosas a las que se dedica su hijo.

Lo más increíble e indignante es que hay padres que prefieren que sus hijos salgan a ponerse ciegos de mierda antes de que se queden en su casa jugando al rol (o viendo anime, o jugando a videojuegos, que para el caso, es lo mismo) porque es “lo normal”.

Y cuando creéis que las personas que os rodean entienden a lo que dedicáis vuestro tiempo de ocio, siempre os podéis sorprender viendo la cara que te pone la gente nueva que te conoces cuando le dices que juegas al rol e interpretas a un vampiro, por ejemplo.

Ahora voy a dirigirme a todos ellos, a todas las personas que hablan, opinan y determinan que jugar al rol (o ver anime, o jugar a videojuegos) es malo para la salud mental de un ser humano:

Hola, querido ignorante, me dirijo a ti para hacerte ver hasta qué punto estás equivocado en tus juicios  y ahorrarte la pesada tarea de informarte en un par de sitios y pensar un poquito.
Los juegos de rol son una metodología educativa muy efectiva y utilizada. Desde la más tierna infancia de los niños hasta su entrada en el mundo laboral.
¿Por qué? Porque fomentan la creatividad, trabajo en equipo, pensamiento divergente.
Supongo que conocerás perfectamente el concepto de “creatividad” y “trabajo en equipo”, así que te diré que el “pensamiento divergente” es la capacidad para encontrar diferentes soluciones alternativas a un mismo problema.

Además, requieren una preparación del jugador para dar trasfondo a su personaje, de la sociedad y la política de una época pasada, por ejemplo.
Por lo que se puede concluir que el rol sirve para culturizar a las personas.

 Lo dejaré por hoy esperando que esta entrada os haya servido para sentiros mínimamente identificados y los comentarios para soltar vuestras frustraciones.

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