13 oct. 2012

Julia Moon

Aunque por la experiencia que tenemos, sabemos que las historias de personajes no son lo más llamativo, a todos nos gusta publicarlas. Nos las curramos bastante y estoy segura que si os gusta el juego de rol sobre la que esté basada, a vosotros también os gustará. Ésta que voy a publicar a continuación, es una historia hecha para Vampiro: La Mascarada. Es la historia de una Toreador un poco especial, ya que es todo lo contrario a lo que la gente esté acostumbrada, no es el prototipo de Toreador que todo el mundo tiene asumido. No es la típica pijilla que se altera con cualquier mancha en su chaleco de cachemira, sino una chica muy "perroflauta" un tanto hippie, artista y pintora, igual de implicada con el arte y la belleza que un Toreador típico, pero lo que ella considera bello lo es lo típico ni común. Espero que os guste. ¡Ánimo y a leer! 

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¿Y tú quién eres? ¿Acaso te debo algún pedido? No, espera, no me suenas… Bueno, ya que estás, ¿quieres que te cuente quién soy? A cambio quiero que toques algo para mí, veo asomar por tu espalda una guitarra eléctrica.
        Nací en París hará ya unos 50 años.  En torno a 1950, Madelinne, mi madre, despertó con una preciosa niña en sus brazos. Ella era profesora de Arte en La Sorbona, universidad situada a la lado de la Catedral de Notre Dame. Mi padre también trabajaba allí, pero a diferencia de mi madre, él trabajaba de amo de llaves. No era el trabajo que él había soñado, pero al menos trabajaba, que en esa época ya era mucho.
        No tardé mucho en volverme algo… alocada. Tío, las reivindicaciones que se llevaban a cabo en París en torno a 1968 eran demasié. Revueltas, ataques contra la policía, los hippies llegaban pisando fuerte, y yo quedé enamorada de dicha corriente. Mi época estudiantil se desarrolló en torno al arte. Siendo mi madre profesora de arte, ¿qué se podría esperar de mí?  El dibujo se me daba bastante bien y mi madre me guió por el camino correcto, al menos en cuando a estudios. En el tema social… me di demasiado pronto a los porros. Los probé por primera vez mientras nos escaqueábamos de la clase de historia, materia que adoraba, pero al profesor… uhhhh ¡qué manía me tenía!
        Ya no pude dejar aquella droga que me evadía del mundo y sus problemas.
        Niccolás era mi compañero de clase. Fuimos juntos a la escuela desde que éramos  unos  micos, y le tenía un cariño sobrehumano, igual que él a mí. Era inevitable que en una de esas noches locas por las calles húmedas de París no acabáramos besándonos, bajo la fina lluvia típica de allí. Desde entonces no nos hemos separado. A la par que estudiábamos en la Universidad, ambos acudíamos también al conservatorio. Él tocaba el chelo, la guitarra y el saxo. Yo acudía a clases de violín. Aún conservamos nuestro extraño amor por la música, aunque él la conserva más que yo.
        El día 18 de Noviembre, eran ya las 22:35 cuando salimos del conservatorio. Nuestras clases se habían alargado y en el edificio no quedaba nadie. Nos retrasamos algo más que el resto porque nos liamos un porro en el baño, ¡llevábamos 8 horas sin probarlo! Salimos por la puerta principal, que en principio parecía solitaria, pero a la que nos acercamos vimos una sombra femenina. No habló, sólo se abalanzó sobre mí, directamente al cuello y cuando desperté estaba al lado de Nicco, no recordaba nada, pero al momento fui consciente de lo que había pasado. No hablé. Nicco tampoco. Ambos, juntos asumimos lo que nos había tocado sin mencionarlo nunca.
        Lena era el nombre de la mujer que nos había convertido en la puerta del conservatorio. Yo la amaba, al igual que a Nicco. Nos amábamos entre ambos como si fuéramos una “pareja” de tres. ¿Raro? ¿Por qué? Le debo lo que soy, y Nicco también. No hacemos nada malo amándonos, ¿verdad? Pues ya está.
        Nuestra no-vida no ha sido muy distinta a lo que llevábamos antes de ser convertidos. Nos mudamos a Viena junto a Lena, ya que no podíamos mantener el contacto con la familia. Allí alquilamos un piso bastante pequeño. Yo pinto cuadros que Lena vende, y llevamos las ganancias a medias. Nicco prefiere seguir con su música y de vez en cuando actúa en algún garito con su cuarteto de Jazz.  Así nos mantenemos, ocultos y protegidos por nuestra amada Lena. Ella siempre es y será lo más importante para nosotros.
        En nuestro piso, Nicco siempre es el “decente”. Yo soy algo más alocada, algunos dicen que estoy como una puta cabra, yo les doy la razón, porque lo estoy. Nos gusta cuidar nuestro físico (aunque la marihuana no es la mejor forma para hacerlo). Somos muy ecológicos, no creamos mucha basura, pero lo que producimos se recicla. Si no fuera por Nicco y por Lena… no sé qué habría sido de mí, pero más de una noche en algún calabozo sí habría pasado.
        Y esto es mi historia, ¿quieres saber más? Pues busca a algún setita y dile que vas de parte de Julia, él ya sabe lo que tiene que darte.
¡¡PAZ, COLEGA!! 

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