6 sept. 2012

ÜBER 27 (Vampiro la Mascarada)



“No lo llames gimnasio, no lo llames drogas, no lo llames magia negra, simplemente es genética superior”

¿Sabes lo que es el sueño americano? Es lo que yo tengo entre las piernas, así es. 27,6 centímetros de fuerza aria con los que sueñan todas las americanas, bueno, y mujeres de otros continentes también.


Claro, no fue fácil llegar a la cima. Yo era hijo de un relojero y una ama de casa de un pequeño pueblo alemán, sin mayores pretensiones en la vida que hacer novillos en el instituto para ir a fumar a escondidas y revolcarme con alguna que otra chica por callejones y asientos traseros.

Era en esos momentos cuando me di cuenta que yo había nacido para dar placer a las mujeres. Yo era al sexo lo que Einstein a la Física ¿me sigues?

Cuando cumplí los dieciocho me largué de casa rumbo a la capital con un puñado de dinero ahorrado, una maleta y con ganas enormes de hacer historia en la industria del porno alemán.

Empecé como todos, grabando videos amateur con desconocidas ninfómanas y colgando el material en internet, a la espera que alguna compañía se dignara a contactar conmigo. Decidí ponerme un pseudónimo que sonara bien: Über 27 parecía perfecto, y decía mucho de mí aún cuando llevaba puestos los pantalones.

Cuatro meses después del comienzo de mi aventura me llamó un tipo que aseguraba ser el director de una importante productora porno a nivel europeo, había visto mis videos y quería hablar conmigo en persona. Tanto el lugar como la hora me resultaron extraños, pero no podía rechazar esta oportunidad, además, si algo salía mal siempre podría echar a correr como alma que lleva el diablo.

Llegué puntual a la cita, a medianoche,  el lugar era un viejo almacén abandonado hace años a las afueras del Berlín, según el carcomido cartel, se dedicaban a la fabricación de salchichas y otros productos cárnicos, no pude evitar soltar una carcajada irónica al leer eso.

Un par de minutos después apareció un BMW de alta cilindrada y lunas tintadas. El chófer bajó del coche y abrió una de las puertas traseras con aire refinado. Del interior surgió un individuo vestido  con un exquisito traje oscuro y gafas de sol, que tras mirar al cielo unos segundos se acercó a mí y me estrechó la mano. Su tacto era frío y áspero, como la de un enfermo, posiblemente fuera adicto a las drogas y eso explicaría por qué una persona lleva gafas de sol por la noche, no querría que sus pupilas lo delataran…

       Über 27, ¿verdad? Me llamo Fabian  Heider.  Es un placer conocerte en persona. Desde que te vi cabalgando sobre esa asiática supe que tenías madera.

-           Me lo suelen decir mucho.
-         Y no les falta razón, chico. Lo que tienes es una bendición, como el que nace con un pulso firme para ser cirujano. En ese aspecto eres…eres… genéticamente superior.

Genéticamente superior, suena bien


-           …Y, créeme, si trabajas para mí llegarás lejos, más lejos de lo que cualquier mortal haya podido conseguir. Mi arte es… distinto, ¿sabes? Soy un buscador de nuevas experiencias, un mecenas de gente como tú, Über 27… por cierto, ¿cuál es tu nombre?

-           Me llamo Ti…

-          No, te llamas Über 27. Recuérdalo, ese es el nombre que te va a hacer famoso a partir de ahora, olvida quién eras antes, lo importante es el presente. Recuérdalo, muchacho…

Sin duda era un tipo raro, excéntrico, un visionario como se definiría él. Pero si era capaz de hacer de mí una estrella porno, era la menor de mis preocupaciones.

-          Por favor, acompáñame al interior, quiero realizar una entrevista.

Heider y yo entramos al almacén. Lo que vi tras traspasar la puerta no se correspondía en absoluto con la fachada exterior.

El lugar estaba decorado al más puro estilo burgués: alfombras, tapices, cuadros...  En el centro de la sala había una cama de matrimonio con sábanas carmesíes y negras, en la que reposaba una delgada joven de piel pálida como la nieve.

Salvo por una máscara de diosa griega estaba completamente desnuda. Tenía pechos menudos pero firmes y un vello púbico cuidosamente recortado en forma de corazón partido. Al verme aparecer pareció estremecerse ligeramente, como si mi mera presencia le excitara.

-          Te presento a Beth. Beth, este es Über 27. Si así lo quiere el destino pronto formará parte de nuestra… familia, pero antes quiero comprobar sus aptitudes, dime, ¿te gustaría ayudarlo?

Beth no dijo nada, una risa tímida y una aprobación con la cabeza bastaron para confirmar sus deseos.

-           Ya lo has visto, mi querido Über, dime, ¿te crees capaz de satisfacer a esta diosa en la Tierra?

-           Ya lo creo, señor. – contesté raudo y conciso.

-           Demuéstramelo.

Y así fue como durante una hora aproximadamente Beth fue toda mía. La poseí de todas las maneras que conocía. Cuando la penetraba la notaba cálida, en contraste con su piel, que al igual que la de su jefe también era fría. Estaba demasiado excitado como para ponerme a pensar en enfermedades de transmisión sexual, quería tomarla una y otra vez, cada embestida era mejor que la anterior.

Heider nos observaba mientras se movía a nuestro alrededor y se arrodillaba cerca de nosotros, como el que observa un lienzo en un museo. Él veía nuestro acto como una obra de arte en movimiento, y nosotros éramos los protagonistas.

El momento del clímax llegó ruidoso y abundante, acompañado de los gemidos de Beth que, contra todo pronóstico, parecía querer más. Mientras yo jadeaba boca arriba, ella se arrancó la máscara y me dejó ver su preciosa cara de ángel… o demonio.

-           Brillante, mi Heracles, Brillante. Eres lo más parecido a un dios del sexo entre los vivos. Y sin embargo, estás tan lejos de la perfección…

-           Mi amo, démosle el regalo… - la voz de Beth sonó dulce e inocente, a la par que imprevista.

      Heider sonrió

-           No soy yo quién para negar los deseos de una de mis chiquillas.

Se acercó a nosotros y me sujetó con fuerza por los hombros para evitar que me levantara, mientras Beth seguía encima de mí.

-           ¿Qué está pasando? – Pregunté confuso y nervioso

-           ¿No te dije que eras genéticamente superior? Selo en todos los aspectos y no sólo con tu polla.

Haider se acercó a mi cuello y me clavó unos puntiagudos colmillos. Por su parte, Beth colocó mi herramienta de trabajo dentro de ella otra vez y empezó a moverse con excitación…

No recuerdo mucho más de aquello, sólo que fue lo más jodidamente maravilloso del mundo.

 Unas horas después me desperté como vampiro ventrue  con mucha hambre, estaba débil. Mi ahora sire me ofreció a otra mujer, esta vez algo más mayor, de tez oscura y pechos generosos. Tenía cortes en los pezones, que ella misma se había producido. Me sentí excitado al ver la esencia vital corriendo por su cuerpo de ébano y no pude resistir saltar sobre ella para saciarme de ella, para más tarde consumar con ella otra actuación de sexo salvaje que agradó en buena medida a mi señor… y a Beth, que me miraba desde una esquina con sensual mirada.

Los siguientes días fueron bastante teóricos, Heider me explicó todo lo que necesitaba saber sobre los vampiros: La mascarada, las normas, las jerarquías, la necesidad de beber sangre,  los clanes… todo lo que un novato neonato como yo debía conocer si quería durar un par de noches fuera de estas paredes.

Descubrí también que mi amo era un ventrue bastante famoso en Berlín por sus eróticos espectáculos clandestinos, capaces de satisfacer hasta la más lujuriosa de las fantasías de sus clientes. Este mundo no era tan diferente al de los vivos, después de todo.

¿Qué es ahora de mi no vida? Bueno, aún sigo disfrutando de la compañía de la vampira Beth, la chiquilla favorita de Heider y principal atracción en sus fiestas. Aunque es agradable pasar las noches gozando con hermosas hembras tengo la sensación de buscar algo más fuera de la ciudad,  ¿Placer? ¿Experiencias nuevas? ¿Cambio de aires? ¿Sentar la cabeza? No lo tengo claro, quizá pronto aparezca delante de mí esa señal que estoy esperando, hasta entonces seguiré haciendo lo mejor que sé hacer: Provocar gritos.




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