3 sept. 2012

Leyna Buchhändler (Vampiro: Edad Oscura)


             Mi nombre es Leyna, y su significado ahora tiene poco sentido para mí. “Medio ángel”, Ja! Qué irónico.
                Fui la hija mayor de siete hermanos y por ello la única instruida un poco en el mundo de las letras. Mi padre trabajaba en una pequeña librería que le dejó su padre antes de morir de una manera un tanto extraña: desapareció un día y no se volvió a saber nada de él. El oficio de éste ha sido la llave que me ha abierto la puerta de un mundo de saber y conocimientos. Mi madre ayudaba a mi padre en la librería, aunque cuando nuestra familia empezó a crecer dejó la tienda y me puso a mí en su lugar. Los beneficios de la tienda eran la cantidad justa y necesaria para alimentar a seis pequeños y a ellos dos mismo.


                El resto de mis hermanos no han tenido la misma suerte que yo en los estudios. Somos tres niñas y cuatro niños. Todos los chicos, menos el pequeño Eldwin que aún tiene 6 años, trabajan en el campo recolectando trigo, cebada y demás cultivos. Las  chicas tampoco han tenido más suerte en el ámbito laboral, ya que Isabelle trabaja como sirvienta en una casa de Condes, y Freida teje para los ricos nobles en un telar prestado.
                En cuanto a mí… Todo ha pasado muy deprisa. Fui al colegio hasta los 12 años pero tuve que salir porque mis padres no alcanzaban a pagar las cuotas exigidas por las monjas. A los 14 mi padre me metió en la librería de dónde sacaba todo el conocimiento posible. Leía libros de medicina, religión, novelas, poesía… cualquier libro era bueno para mí. Pero algo cambió el rumbo de mi vida cuando un día cierta noticia dejó a mi familia sumida en la más oscura negrura. Aún me duele recordar aquel día, pero allá vamos...
                Acababa de amanecer y mi padre se disponía a salir para abrir la librería. Mis hermanos se preparaban para a partir hacia sus tierras de labranza. Mi madre y yo recogimos  los restos del desayuno y, después, yo también salí hacia mi lugar de trabajo. Mis dos hermanas se quedaban acostadas puesto que su jornada laboral comenzaba más tarde y el pequeño Eldwin tampoco estaba aún despierto. El día transcurrió sin incidentes, y  quizá lo único “raro” fue la visita de un señor encapuchado cuando ya había atardecido. El señor pidió ver a mi padre, y cuando éste salió de la trastienda, el encapuchado abrió la puerta y sin decir ni una sola palabra se marchó. Ese hombre desde un principio no me dio buena espina. Pregunté a mi padre si lo conocía y me dijo que lo había visto frecuentar la taberna por las noches pero que jamás había prestado la más mínima atención por él. De hecho me confesó que jamás se habían mirado a los ojos directamente.
                Como todos los días yo salí un poco antes de mi trabajo. Mi padre se quedaba contando y recaudando el dinero que habíamos conseguido en el día. Cuando regresaba a casa me di cuenta de que las calles parecían desiertas. Hacía mucho calor, y al fresco de la noche las mujeres salían a las calles para hablar y los niños a jugar, pero ese día todo estaba calmado, en silencio. Demasiado silencio, quizás.  Cuando llegué a casa los chicos ya estaban allí, esperando para cenar. Esperamos a que mi padre volviera de la tienda, pero después de mucho esperar y al ver que no llegaba, mis hermanos decidieron ir a la tienda a buscarlo. Quizás tenía problemas con la caja o no podía colocar algún libro que debía ir en el estante alto. Cuando mis hermanos volvieron dijeron que la tienda ya estaba cerrada, y que no había señales de mi padre.  Al día siguiente también esperamos su llegada, pero tampoco llegó.
                Habían pasado ya dos días de la desaparición de mi padre cuando un agricultor llegó con muy malas noticias. Habían encontrado su cuerpo despedazado en un campo cercano al lugar dónde trabajaban mis hermanos. Mostraba muchos signos de violencia, y alguacil atribuyó el asesinato a una pelea por tierras o por dinero, o quizá le habría atacado un animal salvaje. Era la vida de un simple librero, así que tampoco importaba mucho. Pero yo sabía que no podía ser así. Algo había pasado y yo no podía quedarme parada.
                Nos mantuvimos con los sueldos de mis dos hermanos más pequeños (incluido el pequeño Eldwin que se puso a trabajar recogiendo estiércol en una establo de la baja nobleza), ya que el resto ahorraba para poder casarse pronto y salir de casa. Yo no tenía planes de casarme por ahora, había otra cosa que me martirizaba todas las noches. Tenía que descubrir que había pasado, y para ello usé todo mi poder de inteligencia.
                Sabía que mi padre no tenía enemigos, por tanto la idea de “pelea” quedaba desechada. Así pues, investigué lo que pude entre los soldados del pueblo, pregunté a quién pude, pero mi condición de mujer… me dejaba muy fuera de los altos cargos, los que de verdad podrían saber algo.
                Un día, hablando con una señora de la calle que parecía conocer a mi padre me llegó un hombre desconocido. La señora pareció asustada y se fue antes de que terminásemos de hablar,  y entonces me di la vuelta. Tenía ante mí a un hombre muy alto y fuerte, era tres veces yo. Vestía una túnica negra hasta los pies, y la ajustaba a su cuerpo con una soga a la cintura. Mantenía su cara cubierta por completo con una gran capucha. La túnica no parecía muy lujosa, seguramente sería lana floja, pero la llevaba impoluta, impecable. A su lado me sentí un poco miserable. Sólo habló una vez, y después desapareció.
             - No te metas dónde no te llaman, niña. No estás buscando la solución a la muerte de tu padre, estás buscando la tuya propia. Si de verdad aprecias tu vida, deja esto antes de que sea demasiado tarde.- Alzó ligeramente la cabeza, lo justo para poder ver sus ojos, que a pesar de ser fríos y calculadores tenían cierto matiz de tristeza y pena que no entendí.
                Cuando terminó de hablar desapareció. No lo vi por dónde se fue, sólo vi que al momento estaba sola. Era casi de noche, el sol ya no asomaba por el horizonte y apenas se podía ver mucho más de tus pies.  Estaba deseando llegar a casa, pero otra figura misteriosa me asaltó en la calle. Antes de que me diera tiempo a gritar estaba metida en algo parecido a un saco, maniatada y con un trapo en la boca. Cuando me sacaron del saco estaba frente a un señor joven, pero en sus ojos se veía que habían pasado muchos años por ellos. La sala parecía muy antigua y miles de cacharros colgaban por todas partes. A mi derecha pude reconocer al hombre que había entrado aquel fatídico día en la tienda, y que seguramente algo tuvo que ver con la muerte de mi padre.  El joven que pude asocié  como “jefe” habló primero:
               - Te has pasado de lista. Has intentado poner al descubierto lo que tantos años hemos conseguido ocultar, así que ahora, al igual que tu “amigo” pasarás a formas parte de lo que has intentado hundir. Eres demasiado joven para andar jugando a los crímenes ¿no crees? Mira lo que le ha pasado a tu protector- Cuando el espécimen se movió a un lado, dejó ver un cuerpo igual de mutilado que el de mi difunto padre. Por la túnica pude reconocer que era el hombre que me había avisado esa misma tarde. Ahora su cara estaba descubierta y la reconocí al momento. Era mi abuelo, el  padre de mi padre.- Él también se metió dónde no debía. Fue convertido en algo en contra de su voluntad e intentó despojarse de ello, pero una vez que está en este mundo… nada puede revocarlo. – Se movió muy rápido y mis ojos no siguieron su estela.
                A continuación sentí que algo se acercaba a mí por la espalda, y que un placer recorría mi cuerpo, intenté hablar:
        -  Pero ¿qué está pasando? ¿qué tiene que ver mi padr…?- No me dio tiempo a acabar la frase cuando el placer me inundó por completo y todo se volvió negro…
***
                Ahora, muchos años después de aquella noche, viajo todo lo que puedo, busco cosas en las que entretenerme e intento olvidar todo lo que pasó en aquellos días. Con un poco de investigación he conseguido averiguar que mi abuelo, tras ser convertido en vampiro intentó despojarse de su clan y su sire, y quiso convertirse en un vampiro libre. Como castigo, el sire de mi abuelo llamado Leonardo, del clan tremere, decidió hacérselo pagar con la muerte de su propio hijo, mi padre. Cuando yo me metí para investigar, de nuevo el que mandó matar a mi madre, me mandó matar a mí, como “castigo extra”; pero el conocimiento que había adquirido en la librería fue una golosina que gustó a Leonardo y por eso, en vez de matarme me convirtió.
                No puedo deshacer lo que ya está hecho, pero sí luchar por lo que mi instinto me dice. No quiero ser lo que es mi sire, ni ser lo que mi naturaleza conlleva. Y haré todo lo posible porque así sea. 

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