28 ago. 2012

Dr. Kellen Bleuler


“…la locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma…”

Nadie diría que este individuo en silla de ruedas, con aspecto apagado y vacío, es un vampiro, y mucho menos un malkavian.

Nació en Suiza el 30 de abril de 1857, en una familia acomodada de la época, con una larga trayectoria de hombres académicos. Estudió medicina en la universidad de Zurich, y más tarde se especializó en psiquiatría.

Era un galeno brillante, obsesionado con indagar a fondo en la mente de sus pacientes para intentar aliviar sus males. Hizo uso de técnicas y terapias de choque, como la lobotomía y la lobectomía.

Llegando a convertir su trabajo en su propia religión, abandonó a su hogar y su familia, y fijó su residencia dentro del manicomio, situado en Francia,  en el que ejercía, llegando a ser su director tras la sospechosa muerte del antiguo administrador.

El doctor Kellen, poco a poco, se volvió huraño, reacio a establecer relaciones sociales ajenas a su oficio. Vivía por y para sus enfermos, mejor dicho, para las enfermedades que los atormentaban. Es difícil describirlo, él mismo se había transformado en un tuerto en un país de ciegos… Su centro hospitalario se había convertido en una casa de locos peligrosos.

Joseph Vacher
Cierto día, llegó a su centro Joseph Vacher, un asesino en serie francés comparado a veces con el famoso Jack el Destripador que sembró el terror en el Londres de 1888. Este sujeto cautivó por completo la atención de Bleuler, tanto que se cree que llegó a envenenar mortalmente a algunos de sus pacientes para disponer de más tiempo para su Vacher.

Los dos hombres, médico y psicópata, mantenían largas conversaciones sobre la locura y la muerte, lo más escalofriante de esto es que a veces costaba diferenciar quién era el juicioso y quién el loco, Kellen empezaba a rozar la delgada línea de la cordura…

Los años pasaban. El prestigioso psiquiatra graduado con honores en Zurich transformó en trastorno su vocación de la medicina. No dormía, no comía, para él todo lo que no fuera estudiar las depravaciones mentales del destripador francés era perder el tiempo, un tiempo precioso para llegar a la cima de la genialidad hecha caos...


Noche del 31 de diciembre de 1898. Kellen Bleuler era un cuerpo atrofiado, sin apenas vida y deforme por sus serias cadencias alimenticias, postrado en una silla de ruedas por su propia voluntad dado que veía ridículo malgastar la energía de sus piernas cuando podrían emplearse en el cerebro. Mientras su ayudante dormía en la sala contigua, el doctor leía y releía informes sobre extrañas enfermedades relacionadas con el trastorno de personalidad. Parecía una madrugada cualquiera, sin nada reseñable. Sin embargo, esa noche iba a significar el inicio de una nueva vida para Bleuler, una vida que jamás esperaría encontrar en uno de sus libros de psiquiatría.

Cansado de esa monotonía de documentos que ya conocía de memoria, decidió dar una vuelta por los fríos pasillos del edificio, revisando habitación por habitación a todos los ahí se hospedaban. Algunos descansaban en posición fetal, otros se mantenían de pie sin mover un músculo, otros estaban agazapados mientras susurraban palabras incomprensibles… nada fuera de lo común.

Llegó por último a las dependencias de su espécimen estrella, Joseph Vacher. Este se mantenía quieto, mirándolo fijamente, con una sonrisa dibujada en la cara:

-          Buenas noches, doctor Bleuler. Tengo un regalo para usted.

-          ¿Un regalo? ¿Quizás una revelación que solucione el rompecabezas que entraña su cerebro? – contestó mientras sonreía él también.

-          Mucho mejor, doctor Bleuler. Le entregaré la llave de mi mente, será capaz de sentir lo que yo siento en primera persona. Llevo varios años estudiándole, tras saber en qué trabajaba y la pasión que dedicaba a esa labor, decidí cometer atroces crímenes entre humanos para luego posteriormente dejarme capturar por la policía. Sabía que sería destinado a este lugar, lo tendría cerca para confirmar si realmente merece estar entre nosotros.

-          Señor Vacher…

-          Doctor, usted ha dedicado su vida a la psiquiatría, a la locura. Ha descuidado su familia y su salud, mírese, por ella. Jamás había observado algo así, por lo tanto, le ofrezco continuar con su particular religión también más allá de la vida.

-          Impresionante actitud la suya, Joseph, nunca dejará de sorprenderme. 

-          Doctor, Bleuler... ¿cree en los vampiros?

Y en ese momento, oscuridad. Oscuridad absoluta y el sonido de la sangre fluyendo…

-          Despierte, doctor. Ahora es usted uno más, un malkavian…

Kellen Bleuler fue abrazado aquella noche por Joseph Vacher, un poderoso malkavian que dedicaba su existencia a encontrar dignos chiquillos que convertir para su secta. Los métodos que usó para mantenerse con vida a plena luz del sol, y sin aparente consumo de sangre, es todavía un misterio. Quizá algún día haya luz en ese mar de oscuridad.

A Kellen se le proporcionó la sangre fresca de dos de los pacientes residentes de su manicomio, dos psicópatas cada cual más pintoresco:

- Edward Manson, “el violinista”. Compositor italiano fracasado arrastrado a la locura. Se decía que tocaba estridentes melodías con su violín tras maltratar o matar animales e incluso personas.

- Juan Díaz de Garayo, apodado “el sacamantecas”. Acusado de violar y matar a seis mujeres, de edades comprendidas entre los 13 y los 55 años. A algunas de ellas se le atribuyen brutales mutilaciones. A ojos de la sociedad, murió por garrote vil en España, sin embargo, fue llevado en secreto al manicomio del doctor Bleuler tras pagar este una gran suma de dinero.

Beber de estos inhumanos le atribuyó ciertos… “dones”. Adquirió sus personalidades por separado, desarrollando una extrañísima esquizofrenia múltiple. El doctor Bleuler ahora eran tres.

A voluntad podía sumergirse en cualquiera de ellas, dependiendo de la situación: Un médico psiquiatra en silla de ruedas, un sádico violinista o un asesino en serie español.


Los años posteriores estuvieron marcados por continuos y largos viajes por todo el mundo, dedicados a la investigación y el descubrimiento de otros psicópatas propicios a ser “asimilados”. No se sabe con seguridad, pero se rumorea que personajes tan célebres como Ed Gein, Charles Manson o Andrei Chikatilo fueron los seleccionados para engrosar la lista de personalidades de Bleuler.

El poder de este malkavian era peligroso, y su sire lo sabía. Se le prohibió, bajo pena capital, usar sus desdoblamientos de personalidad para actividades contrarias a la Camarilla y a la Mascarada, normas que el propio Kellen aceptó con total conformidad, no quería ser expulsado de aquel paraíso al que había llegado…

Su propia mente enferma le ha hecho creer que padece una minusvalía en las piernas, y que es débil y enfermizo, pero realmente su salud es correcta. Eso explica por qué cuando se desdobla en otra de sus personalidades puede andar, correr… y matar sin probemas.




No hay comentarios:

Publicar un comentario