28 ago. 2012

Coralinne Minué (Vampiro: Edad Oscura)


Hoy, aquí sentada, voy a escribir para ti una vida llena de sorpresas. Te contaré lo que fue siendo humana, y lo que soy siendo un vampiro. Encontrarás momentos tan dulces como la vitae de un niño, y tan amargos como la sangre de un maldito creyente.

***

Nací en una pequeña villa en Francia, para ser más concretos en la región de Borgoña. Mis padres eran grandes empresarios, lo que los hacía una familia rica y acomodada, y tanto a mí como a mi hermano se nos educó acorde con nuestra posición.

Mis padres llevaban casados apenas 5 años cuando nació Pietro, mi hermano mayor. Estudió algunos años algo de letras y matemáticas pero su aspiración era ser la mano derecha en el ámbito militar de algún alto cargo. Así que pronto entró como soldado del ejército.
Yo siempre fui la consentida de papá. Su principal idea era dejarme a mí todas sus posesiones, y si no hubiera sido por la metomentodo de mi madre, así habría sido, pero para ella siempre estaba mi hermano por delante de mí.  Él era hombre…
Estudié con varios profesores particulares hasta que a los 17 años fui desposada con Maurice, un joven caballero de Avallon. Fue un  matrimonio por conveniencia pero no me importó, Maurice me gustaba, y yo a él también.
Siendo ya marido y mujer mi ansia por saber no decrecía, así que mi amado marido mandó construir una biblioteca única y exclusivamente para mí. La llenó de todo tipo de libros: matemáticas, filosofía, ciencias, novelas, etc. Todo un paraíso para mí. Siempre que llegaba, yo andaba por allí, leyendo o mejor dicho, releyendo los cientos de libros que había. No llevábamos ni dos años casados cuando nació la pequeña Madeleine. Cuando ésta nació, Maurice se encontraba metido en medio de la revolución, era parte del ejército de los girondinos. No estaba muy de acuerdo con ese tipo ideología, pero nos daba de comer.

Anduvo luchando más de cinco años, pero tuvo que retirarse porque su corazón empezó a quejarse demasiado pronto. Algo le pasaba, pero nadie sabía decir qué. Fue entonces cuando quedé embarazada de nuestro segundo hijo, Julien, un niño que heredaría todo lo que su padre le asignase, que vendría a ser todo, incluido su afán por la lucha.
Durante 6 años todo fue perfecto: mis padres gozaban de buena salud y no había indicio de que fuera a sucederles algo; mi hermano Pietro también se había casado y tenía 3 preciosas niñas y un niño (quizás demasiado raquítico para gusto de mi hermano); Madeleine, ya con 11 años asistía a clases particulares y el travieso Julien esgrimía con destreza una pequeña espada de madera.
Todo era perfecto pero… algo cambió el rumbo de las cosas; una  tarde, cuando el sol ya se había escondido detrás de las montañas, Julien y yo bajamos a los jardines a pasear. Solo fue un segundo pero de repente mi pequeño desapareció. Estaba a mi lado, y cuando volví la cabeza ya no estaba. Oí una voz en mi mente que me susurró:
-          No grites o el pequeño Julien morirá aplastado por mis propias manos. Ve al borde del estanque y espera.
 Hice caso y fui. Al otro lado del estanque había una figura muy alta y esbelta, quizás demasiado, que lucía una capa marrón hasta los pies. Llevaba la capucha calada hasta las cejas y con una mano, igualmente larga, sujetaba a mi niño.
-          No grites - No era una proposición, era una orden que no pude desobedecer.
-        Si no opones resistencia YO no tocaré a tu pequeño. Tan sólo debes acercarte a mí y dejarte llevar. Podemos hacerlo por las buenas o por las malas.- Noté como hacía más presión sombre la cabeza de Julien.
-          Suéltalo. Cógeme a mí.- No dudé al decirlo.
-          Bien… sabía que no me defraudarías.
Me hizo un gesto con la mano para que me acercara, que de nuevo no pude ignorar. Algo me lo impedía.
-    Cuando despiertes, TÚ misma serás quién mate a tu pequeño.- No escuché más.
Cuando desperté tenía mucha sed, necesitaba ¿sangre? Y entonces lo vi, vi a mi pequeño Julien sentado frente a mí, con el miedo dibujado en el rostro. Noté como su sangre fluía deprisa por sus venas y no pude contenerme. Mordí a mi hijo. Absorbí hasta la última gota de su pequeño cuerpo, dejándolo vano, seco.
-    Arráncale el corazón. Sé que lo estás deseando.
Esta vez no fue una orden, podría haberlo ignorado, pero no lo hice, le hice caso. Introduje mi mano en el frágil pecho de mi hijo y le arranqué el corazón, aún muy caliente y chupé hasta que sólo quedó una cáscara de músculo inservible.
-    Bien, vas por buen camino.
Acababa de matar a mi hijo y no me sentía mal, al contrario, estaba satisfecha y la euforia recorría mi cuerpo. ¿Qué estaba pasando?
***
         Ahora, después de muchos años, sé qué estaba pasando... Me habían convertido en Vampiro. Un Kiasyd, para ser más exactos; una línea de sangre que podría ser descendiente de los Lasombra. Por el camino que mi maestro Gerald me llevó, el acto por el cual mi pequeño hijo murió se considera casi normal, algo que corroboro, pues llevo mucho tiempo disfrutando de los dulces corazones de los niños más inocentes... Cuanto más joven es el corazón, más fácil es atravesarle el pecho con la mano...

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