29 jul. 2012

Arabelle Köller (Vampiro: La Mascarada)

Tan bella, tan frágil, tan inocente…y su sangre, tan dulce. Mi querida Erika, jamás me cansaré de contemplarte mientras duermes, tu belleza me sobrecoge mientras aún tengo el sabor de tu vitae en mi boca. De todos mis amantes tú eres la que más amo, ¿por qué? Te preguntarías si pudieses escucharme. Porque me recuerdas a mí cuando era joven, cuando era una chiquilla de buena familia que sólo pensaba en ser princesa, cuando la sangre aún corría viva por mis venas…ay! cuantas lunas hace ya de aquello…

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Nací en 1867 en la ciudad de Viena, que ese mismo año pasó a ser capital del Imperio Austrohúngaro. Mi familia era una familia acomodada. Mi padre era hijo de un poderoso empresario inglés que emigró a Austria para invertir en la industria,  y mi madre provenía de un linaje de antiguos nobles. Aunque ya carecíamos de título alguno, nos había quedado un pequeño pero bonito palacio en las afueras de la ciudad. Pasé mi infancia correteando por los jardines del palacio jugando con mis hermanos y aprendiendo música con el señor Adolph. Yo tocaba el violín, mi sueño era llegar a ser tan buena como el mismísimo Mozart. Pronto crecí y me convertí en una bonita muchacha a la que no le faltaron los pretendientes. Pero los rechazaba a todos, no encontraba a mi príncipe, hasta que un día…

Decidí salir a dar un paseo al campo. Nuestro cochero Walter me acompañaba. Era una tarde nublada, amenazaba con llover, pero el paisaje del río era sobrecogedor. Me alejé un poco de Walter y empecé a rodar por la hierba. Mis padres se habrían puesto furiosos si me hubiesen visto, decían que las señoritas no hacían esas cosas,  pero a mí no me importaba, me encantaba sentir el frescor de la hierba rozar mi piel. Cuando me di cuenta había perdido de vista al coche y a Walter, y en ese momento comenzó a llover fuertemente. Cuando llegué estaba calada hasta los huesos, pero esto me importó bien poco pues lo que vi me estremeció. La puerta de coche estaba abierta y las piernas de Walter colgaban de ella inertes. No sé de dónde saqué valor pero me acerqué y lo toque. Su cuerpo se derrumbó y cayó al suelo como un peso muerto, tenía una gran herida sangrante en el cuello. Entonces noté una presencia, algo o alguien que me miraba. Alcé la vista y vi a una horrible criatura con grandes colmillos y la boca llena de sangre que estaba observándome apoyada a cuatro patas sobre el techo del coche. Pestañee, y en un instante se abalanzó sobre mí y caímos rodando. Intenté zafarme de él pero me golpeó hasta dejarme sin fuerzas. Entonces abrió su boca mostrándome sus horribles colmillos, y justo cuando creí que iba a lanzarse sobre mi cuello una punta afilada traspasó su paladar. La criatura cayó hacia un lado y un apuesto caballero apareció en su lugar, me tendió la mano. “Estáis bien milady” fueron sus palabras, quise responderle pero las palabras no salieron por mi garganta, empecé a llorar y lo abracé. Los siguientes recuerdos son borrosos para mí, creo que caí enferma. Sólo recuerdo al caballero cuidándome y una frase, “no puedo permitir que mueras, espero que algún día me perdones por esto”. Entonces sentí como mordían mi cuello y una mezcla de dolor y placer recorrió mi cuerpo. Volví a dormir, sentí mi cuerpo etéreo y de repente un terrible dolor me azotó. Desperté, aunque ciega, sentía mis entrañas descomponerse y vomité. Después mi consciencia se nubló, tenía sed, sed de sangre. Cuando recuperé el control tenía el vestido sucio y manchado de sangre, y un sabor metálico, pero dulce, recorría mi paladar. Sentí como el caballero me abrazaba y en ese momento supe que lo amaba.

Él me habló, “Puede que me odies por lo que te he hecho, pero ibas a morir y la sola idea de perderte…no podría. Desde el momento en que te vi me enamoraste Arabelle. Te he convertido en un vampiro…” empezó a llorar lágrimas de sangre. Se las enjugué con mis manos “no importa lo que me hallas hecho, mi caballero, si puedo estar a tu lado”. No entendía por qué tenía ese sentimiento tan fuerte hacia aquel desconocido, pero lo amaba con toda mi alma. Nada me importaba ya, sólo Patrick, pues ese era su nombre.

Poco a poco me fue explicando en que me había convertido, era un vampiro, un demonio muerto-viviente según algunos, aunque yo no me sentía como tal. Me sentía viva y más aún cuando tenía a Patrick a mi lado. Me enseño como alimentarme, mis nuevos poderes y debilidades. Vivíamos juntos, nos besábamos y yacíamos juntos bajo la luz de la luna y las estrellas. Un día me regaló un Stradivarius y me dijo que me enseñaría a tocar, “¿cómo el mismísimo Mozart?”, pregunté, “Como el mismísimo Mozart”, sonrió.

Las noches pasaron rápido, en algunas ocasiones añoré mi casa y mi familia, pero el “calor” de Patrick apartaba esos pensamientos. Viajamos por Austria y por Italia. Recorrimos los canales de Venecia al son del violín. Fui terriblemente feliz en aquellos días, hasta que Patrick recibió un mensaje. Su sire los llamaba a su lado para embarcar hacia América. Decidió negarse y enfrentarse a las consecuencias. Me dijo que me quedara en Viena, porque su creador no sabía de mi existencia y podría correr peligro. Me costó aceptarlo pero al final me quedé.

Pasaron semanas sin saber nada de él hasta que un día alguien vino a nuestro hogar, cogí una daga que me había regalado Patrick y fui a ver quién era. Una chica con un pelo que le llegaba hasta las rodillas estaba mirándome “Vaya, vaya, así que Patrick no ha sabido nada más que crear a una chiquilla asustada. Un auténtico vampiro no estaría temblado con un cuchillito en la mano”. Se acercó a mí y me arrebató la daga. “Tu idilio a terminado, Patrick ha sido destruido, su sire lo ha castigado por crearte sin permiso, y ahora viene a por ti, te vienes conmigo a Paris, le prometí a Patrick que cuidaría de ti, aunque creo que va a ser una tarea más difícil de lo que me esperaba”. Como en el día en que conocí a Patrick no me salieron las palabras, sólo las lágrimas. Caí de rodillas al suelo y ansié poner fin a mi vida bajo la luz del Sol. “Oh vamos, tu amante a muerto, tranquila tienes una eternidad para enamorarte y ver morir a tantos como desees. Ahora recoge tus cosas nos tenemos que ir. A partir de ahora conocerás la verdadera naturaleza de los vampiros, así que deberás ser fuerte, hay muy pocos como Patrick. Te espero fuera. Por cierto mi nombre es Elizabeth.”

Estaba perdida y confusa. No sabía si debía confiar en Elizabeth o si era una trampa. No sé por qué fui con ella. Abajo un coche negro de cuatro caballos nos estaba esperando. Mi equipaje era poco, un par de vestidos y mi violín. Subí y me senté a su lado. “A partir de ahora tú no sabrás nada de Patrick, tu sire te abandonó sin ni siquiera conocerlo y yo te acogí como pupila, ¿está claro? Necesito a alguien inteligente y de confianza a mi lado, pues en París las armas son las palabras. Con un poco de entrenamiento serás perfecta…Adelante cochero” Durante el viaje Elizabeth me enseñó muchas cosas sobre la “estirpe”, como ella llamaba a la sociedad vampírica. Me habló de unas “sectas”, una especie de organizaciones donde los vampiros se alineaban con un fin común, o al menos así lo aparentaban. Me dijo que las intrigas y los asesinatos estaban a la orden del día, aunque hubo tiempos peores. Me habló sobre la Edad Media, ella la llamaba “Edad Oscura”, me dijo que los vampiros campaban a sus anchas, dirigían ejércitos y gobernaban feudos. Después con el auge de la inquisición los vampiros tuvieron que ocultarse y extender “La Mascarada”, un velo de sombras para protegerse, se formaron “la Camarilla” y “el Sabbat” y desde entonces la guerra entre ambos había marcado el paso de la historia. Me dijo que a partir de ahora tendría que andar con mil ojos, mostrar siempre buena cara aunque mi intención fuera destruir a quien hablaba conmigo, y aprender a mentir.

Cuando por fin llegamos a París las historias de Elizabeth cobraron realidad. Al principio fui torpe y muchos se burlaron de mí y de Elizabeth por elegir a una pupila tan estúpida. Pero pronto aprendí. Estudié la historia de la estirpe y de mi clan, ahora sabía que era una Toreador. Los vampiros de la corte parisiense empezaron a respetarme y temerme. Me enamoré muchas veces de vampiros y humanos por igual. Yacía con ellos mientras bebía su sangre. Y poco a poco la chiquilla inocente me fue abandonando y dio paso a una vampira madura con aspecto juvenil.
            
La primera guerra mundial llegó y Elizabeth y yo marchamos una temporada a Londres. Para alejarnos de la guerra y para realizar un par de “trabajitos”. Allí conocí a varios vampiros antiguos, como Anna que era chiquilla de un poderoso señor medieval, un tal Aro, y ahora tenía un gran poder en Londres. Avancé mucho con el violín, gracias a mi nuevos poderes era capaz de tocar  con una virtuosidad que jamás habría conseguido siendo humana.

Los años pasaron, y un día sentí la necesidad de volver a mi hogar. Le pedí permiso a Elizabeth y me dijo que ya era libre, y que ya podía valerme por mí misma. Me despedí de ella, prometiéndole que mantendríamos contacto. Viena había cambiado mucho desde aquella noche en que partí con Elizabeth. Ahora era una ciudad del siglo XX, pero no me costó adaptarme. Supe que mi familia había muerto sin descendencia. Nuestro antiguo palacio estaba abandonado. Lo compré y me establecí allí. Me hice con unos cuanto gouls para que me sirvieran y allí pase unos largos años. Como Toreador, era invitada a numerosas exposiciones de arte y música. Resulta curioso, contemplé la obra que un joven austriaco había presentado para ingresar en la Academia de Bellas Artes, aquella obre fue rechazada, y su autor se acabaría convirtiendo en uno de los dictadores más odiados de la historia, el mismísimo Adolf Hitler.

            Años después me llegó una enigmática carta de Anna, me decía “ve a Amesbury, allí encontrarás algo muy interesante…” Aquella carta me dejó muy intrigada, no sabía si sería una trampa del sire de Patrick que todavía me buscaba. Decidí ir aunque fuera una trampa, ya era hora de enfrentarme a él por muy antiguo y poderoso que fuera. Cogí el primer vuelo a Londres y llevé conmigo a mi joven y amada Erika, frente a la que estoy ahora en la habitación de un hotel de la localidad…

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